23.5.17

con fórceps

bbc mundo

(…)

Pero a medida que la profesión de la medicina se desarrolló durante el siglo XIX, los doctores se fueron acercando al potencialmente lucrativo negocio de traer niños al mundo.

Sin embargo, siglos antes, ya otros se habían percatado de los beneficios de atender a las mujeres cuando estaban dando a luz, particularmente una familia francesa: los Chamberlen.

(…)

Históricamente, las mujeres morían de fiebre puerperal -también conocida como fiebre de parto o sepsis puerperal-, hemorragia, eclampsia (presión arterial peligrosamente alta e insuficiencia orgánica) y distocia, término para referirse a los partos laboriosos.

Y para lidiar particularmente con el último caso, la familia Chamberlen tenía un secreto muy bien guardado: los fórceps.

Antes de que existieran, cuenta Randi Hutter Epstein en su libro “Sácame: la historia del parto desde el Jardín de Edén hasta el banco de esperma”, “a los bebés atascados en el canal de parto los sacaban a la fuerza, a menudo en pedazos.

“A veces, las parteras les quebraban el cráneo, matando al niño pero salvando a la madre; otras, rompían el hueso púbico, que a menudo resultaba en la muerte de la madre y la salvación del hijo”.

Además, agrega, los doctores tenía todo un armamento de espantosos aparatos para enganchar, apuñalar y destrozar el cuerpo del bebé difícil de sacar.

(…)

Peter Chamberlen, luego conocido como "el viejo", y su hermano, también llamado Peter (el joven), nacieron en París en 1560 y 1572, pero como la familia era hugonota tuvieron que huir a Inglaterra.

Ambos siguieron la profesión de su padre, convirtiéndose en barberos cirujanos y reconocidos practicantes de partería.

Ambos, también, tuvieron problemas con las instituciones de la profesión de la época, por razones que iban desde inasistencia a lecciones hasta prescripción de medicinas prohibidas.

No se sabe con certitud cual de los hermanos inventó los fórceps obstétricos pero a menudo se acredita al mayor de ellos.

Lo que sí se sabe es que los mantuvieron como un secreto de familia durante más de 100 años y que se aseguraban de no dar ninguna pista del método que los hizo famosos como los mejores parteros de Inglaterra y médicos de la corte real.

Cuentan que llegaban a la casa de la mujer en trabajo de parto en un carruaje especial, acompañados de una enorme caja de madera adornada con tallados dorados.

Como se necesitaban dos hombres para cargarla, la gente pensaba que se trataba de una máquina compleja y de gran tamaño.

Sacaban a todo el mundo de la habitación y se quedaban solos tras la puerta cerrada con la mujer que iba a dar a luz, a la que le vendaban los ojos para que no descubriera el secreto.

Al otro lado de la puerta, los familiares podían escuchar los ruidos peculiares, tañidos de campanas y otros sonidos siniestros que supuestamente hacía la máquina al funcionar.

(…)

Peter el joven tuvo un hijo al que llamó... Peter, pero como éste si estudió mucho y en varios países de Europa, se ganó el título de doctor Peter Chamberlen, lo que nos ayuda a no perder el hilo.

Tras la muerte de su tío -Peter el viejo- en 1631 fue nombrado médico de la corte y su reputación era tan buena que el Zar de Rusia le escribió a Carlos I preguntando si podía estar a su servicio, pero el rey declinó la petición.

Lo otro que el Dr. Peter tenía una en alto era su opinión de sí mismo y era tan extravagante en su vestido que en una ocasión fue advertido por las autoridades de la universidad.

Se casó con Jane Myddelton con quien tuvo 2 hijas y 11 hijos, 3 de los cuales -Hugh, Paul y John- también practicaban la obstetricia. Después de la muerte de Jane, se casó con Ann Harrison y tuvo otros 5 hijos. Murió en 1683 a la edad de 82 sin revelar el secreto de familia.

(…)
Pero los tiempos estaban cambiando y su hijo mayor Hugh fue a París en 1670 con la esperanza de recaudar fondos vendiendo el secreto de la familia al gobierno francés.

(…)

Para demostrar las ventajas de los fórceps debía atender con éxito el parto de una enana raquítica de 38 años que tenía la pelvis tremendamente deformada y estaba en trabajo de parto obstruido.

Fue todo un fracaso y Hugh volvió a Londres sin haber podido vender su fórceps, pero con una copia del texto reciente de Mauriceau, el cual tradujo y publicó en Inglaterra en 1672. En el prólogo hizo referencia al secreto de familia:

“Mi padre, hermanos y yo (y que yo sepa nadie más en Europa), por la bendición de Dios y nuestro ingenio, hemos atendido y practicado durante mucho tiempo una forma de tratar a las mujeres en este caso (trabajo de parto obstruido), sin ningún perjuicio para ellas o sus hijos: aunque todos los demás (obligados por la falta de tal expediente a utilizar la forma común) deben poner en peligro, o destruir uno o ambos con ganchos...

...me permito ofrecer una disculpa por no publicar el secreto... Mientras otros artistas los utilizan, a saber, mi padre y dos hermanos que viven de la práctica de este arte, no estimo propio publicarlo sin perjudicarlos”
.

(…)

…nunca reveló el secreto de familia.

Se cree que fue su hijo Hugh el joven, también médico, quien -aunque se casó tres veces, tuvo tres hijas pero ningún varón- al ver que iba a morir sin un heredero dejó que el secreto se filtrara durante los últimos años de su vida.

El diseño de los fórceps fue publicado en 1733, 5 años después de su muerte.

Se dice que hubo otros que usaron estos instrumentos antes pero también que los encontraban notoriamente difíciles de manejar, tanto que se llegó a pensar que el secreto no era la herramienta médica sino la técnica manual.

En 1813, los instrumentos del Dr. Peter Chamberlen, incluidos cinco fórceps obstétricos, fueron descubiertos en una trampilla secreta en el suelo del ático de su antigua casa, donde los había escondido su esposa Ann a su muerte, 130 años antes.

(…)

“La familia francesa que inventó los fórceps (y por qué lo mantuvo en secreto durante un siglo)”
(bbc mundo, 21.05.17)

22.5.17

la extensión de la muralla

–Yo no soy sentimental –dijo Constancio–, pero me gusta la muralla. Piensa en que milla tras milla, desde la nieve hasta el desierto, forma un gran cinturón único alrededor del mundo civilizado; dentro, paz, decencia, leyes, altares a los dioses, industria, artes, orden; fuera, bestias y salvajes, bosques y ciénagas, un revoltijo sangriento, hombres como manadas de lobos; y a lo largo de la muralla, velando sin dormir, defendiendo la frontera, el poder armado del imperio. ¿No te hace ver lo que significa la Ciudad?
–Sí –dijo Helena–, supongo que sí.
–¿Qué quieres decir, entonces, con lo de “siempre tiene que haber una muralla”?
–Nada; pero a veces me pregunto si Roma irá alguna vez más allá de la muralla. Más allá de los germanos, más allá de los etíopes, más allá de los pictos; quizá más allá del océano puede haber más gente y aun más, hasta que tal vez se pueda viajar a través de todos ellos y encontrarse de vuelta otra vez en la Ciudad. En vez de que penetren los bárbaros, ¿no podría un día irrumpir la Ciudad hacia afuera?

EVELYN WAUGH
“Elena”

21.5.17

matias behety (III)



Martín Iraola fundó en 1871, en lo que se conocía como las Lomas de Ensenada, la ciudad de Tolosa. El nombre fue un homenaje al pueblo de su padre Gerónimo. El año no es casual: es el de la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires. Y su nacimiento supone el éxodo de los habitantes porteños a otros sitios, alejados de la enfermedad. La industria frigorífica de Buenos Aires se traslada a Berisso, donde hay que recibir a la masa de obreros que se asentaron en la zona. Un año después, llega el ferrocarril y con él crece la ciudad. La estrella de Tolosa dura una década, hasta la fundación de La Plata. La nueva capital de la provincia opaca el esplendor de Tolosa.

El cementerio de Tolosa estuvo ubicado en lo que hoy es un barrio de La Plata, entre las calles 522, 526, 120 y 118 (esta última conocida como la Calle de la Amargura porque ahí estaba la puerta de ingreso al camposanto). Fue fundado en 1874; doce años después cerró sus puertas: la inauguración del nuevo cementerio en La Plata (diseñado por Pedro Benoit), de mayor capacidad, justificó su cierre definitivo.

Lentamente, se produjo el traslado de los cuerpos del cementerio de Tolosa a La Plata. Aquellos difuntos que contaban con familiares fueron los primeros en ser trasladados, por la gestión activa de sus deudos. Pero hubo una cantidad importante de muertos que no fueron reclamados y quedaron en el viejo cementerio que estaba clausurado. Así empezó la leyenda de los vecinos de Tolosa que decían ver luces durante la noche, en el cementerio abandonado.

Para principios del siglo XX, la Municipalidad platense dispuso trasladar los cuerpos de Tolosa que habían quedado sin reclamar, a un osario común en la nueva necrópolis. Fue un día de marzo de 1908 cuando, José Peralta, administrador del cementerio, descubrió que el ataúd de uno de los muertos de Tolosa permanecía intacto. Intrigado, mandó abrir la caja.

“Contenía una momia de un cuerpo entero y mascara intactas, de ojos semicerrados, con su dentadura superior al descubierto en una mueca risueña; atada con cabeza con un pañuelo cuyas puntas fingianle la mariposa de una corbata de moño, la cabellera larga y descolorida, las ropas interiores y exteriores en perfecto estado” describió Peralta.

El cuerpo parecía ser de una persona joven, de baja estatura, inhumado un par de décadas antes de su descubrimiento. “Las condiciones en que se halla son tan raras como curiosas. Observándole bien, es exactamente idéntico a un Cristo con sus carnes disecadas y totalmente entero” comentó Peralta y eso bastó para que el rumor del descubrimiento se dispersara por la ciudad.

En procesión, los platenses desfilaron por el nuevo cementerio, para ver al cuerpo momificado que rápidamente ganó el mote de “La Momia del Cementerio de Tolosa” o el más íntimo de “El Muerto Popular”. Un empleado del cementerio no tuvo mejor idea que poner el cuerpo en el altar de una capilla y eso motivó que los visitantes le fueran a pedir milagros y a rezarle. Más aún: surgió la leyenda que de las manos del difunto surgía una luminiscencia, que el vulgo tildó de milagrosa.

El macabro espectáculo duró 20 días, hasta que las autoridades del cementerio trasladaron el cuerpo a un nicho.

Años después, en 1923, el diario “La Razón” contó la historia de la momia de Tolosa, en su suplemento dominical. Un ejemplar del diario llegó a manos de Antonio Lamberti. Y la descripción del muerto le trajo recuerdos de épocas que creía cerradas.



Lamberti se acercó al cementerio de La Plata y pidió ver el cuerpo. Reconoció en el cadáver momificado, los rasgos de su amigo Matías Behety, el hombre que pudo ser su cuñado.



Alejandro, el tío de Matías Behety le erige, en 1924, el mausoleo de mármol y granito que existe, hasta hoy día, en el cementerio de La Plata, incluyendo su busto esculpido. “Monumento erigido a la memoria del Dr. Matías Behety por la familia Menéndez Behety. 1925” dice una sencilla placa de bronce. Otra se ha agregado hace relativamente pocos años: “Sociedad Argentina de Escritores. Sede Filial La Plata. Al poeta Matías Behety. 1885, 24 de agosto, 1975”.

Artículos, conferencias, una biografía (la de Telmo Manacorda) recuerdan al trágico poeta. Aunque nacido en Uruguay, Matías Behety será considerado el primer poeta de La Plata y quedará unido eternamente (como no lo sospechó en vida) a la historia de la ciudad.


FUENTES:

https://www.facebook.com/flaviomrodriguez/posts/10213193407612934

http://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com/2012/06/matias-behety.html

http://www.euskonews.com/0568zbk/kosmo56801es.html

http://historiasdetolosa.blogspot.com.ar/2015/05/matias-behety.html

http://historiasdetolosa.blogspot.com.ar/2015/05/la-momia-del-poeta.html

http://historiasdetolosa.blogspot.com.ar/2015/05/mas-datos-sobre-behety.html

https://books.google.com.ar/books?id=VeneBgAAQBAJ&pg=PT20&lpg=PT20&dq=matias+behety+telmo+manacorda&source=bl&ots=Y1Qu9Jk5kk&sig=_-ZTxKPXRZjaJh0LCBzvcoDH7ZI&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwj7wLfQxejTAhWFFpAKHUwWBTMQ6AEIZDAO#v=onepage&q=matias%20behety%20telmo%20manacorda&f=false

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com.ar/2014/02/matias-behety-10999.html

https://books.google.com.ar/books?id=CJpNAAAAYAAJ&pg=PT459&lpg=PT459&dq=matias+behety&source=bl&ots=WnQpavpFCK&sig=cw7Vc0Jbg3GmKlng_DcWrmyQcnw&hl=es-419&sa=X&sqi=2&ved=0ahUKEwiSkeOZxOjTAhVKOZAKHaGxDwsQ6AEIVTAM#v=onepage&q=matias%20behety&f=false




http://tolosavive.com.ar/servicios-en-tolosa-2/535-historias-de-tolosa-xiii-el-poeta-matias-behety-la-momia

http://www.eldia.com/nota/2014-4-19-secretos-del-cementerio-la-primera-momia-platense

https://www.panoramio.com/photo/38532214

http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.4195/pr.4195.pdf

http://www.laplatamagica.com.ar/web/?q=node/92

http://misteriosdelaplata.blogspot.com.ar/2010/06/la-momia-de-tolosa.html

http://eltriste.blogspot.com/

http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/14007/Documento_completo.pdf?sequence=1

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/juvenilia-y-otras-paginas-argentinas--0/html/ff024e2c-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.htm

http://loscaballerosdelanoche1881.blogspot.com.ar/2015/03/comision-popular-de-socorro-de-la.html

http://www.laplatamagica.com.ar/web/?q=node/87

https://www.geni.com/people/Matias-Behety-Chapital/6000000000280687366

20.5.17

matias behety (II)



Tras la muerte de su amada María, la caída de Matías Behety se aceleró. Se entregó al ajenjo y su salud se vio rápidamente resquebrajada.

“De tiempo en tiempo hacía un esfuerzo para ingresar de nuevo en la vida normal y unirse a nuestra marcha ascendente, desenvolverse a nuestro lado. ¡Con qué júbilo lo recibíamos! Era el hijo pródigo cuyo regreso ponía en conmoción todo el hogar” continúa Cané “Aquel cráneo debía tener resortes de acero, porque su inteligencia, en sus rápidas reapariciones después de largos meses de atrofia, resplandecía con igual brillo. ¿De atrofia he dicho? No, y ésa fue su pérdida”.

Uno de esos intentos, se da en 1884, cuando su amigo Francisco Uzal lo lleva a la recién fundada La Plata para que ejerza el periodismo en “La Plata”, el diario de su propiedad. Matías Behety se instala en el hotel 19 de Noviembre en la diagonal 80, entre 4 y 5, cerca de la sede del periódico.

Su intento fue efímero. Como lo describe Cané: “La bohemia le absorbió, le hizo suyo, le penetró hasta el corazón. Pasaba sus noches, como el hijo del siglo, entre la densa atmósfera de una taberna, buscando la alegría que las fuentes puras le habían negado, en la excitación ficticia del vino, rodeado de un grupo simpático, ante el que abría su alma, derramaba los tesoros de su espíritu y se embriagaba en sueños artísticos, en la paradoja colosal, la teoría demoledora, el aliento revolucionario, que es la válvula intelectual de todos los que han perdido el paso en las sendas normales de la tierra. El bohemio de Murger, con más delicadeza, con más altura moral. El pelo largo y descuidado, el traje raído, mal calzado, la cara fatigada por el perpetuo insomnio, los ojos con una desesperación infinita en el fondo de la pupila; tal le vi por última vez y tal quedó grabado en mi memoria”.

Rafael Barreda describe un panorama similar: “En el último período de su vida, se alejó de sus amigos que estaban en auge y sólo se lo encontraba en los fondines, tabernas o bodegones... Allí se hallaba en su centro, a sus anchas, como él decía, usando de su lenguaje persuasivo, salpicado de figuras bellísimas, compartiendo con los pobres lo pobre de su bolsa. Y, cosa rara, los que escuchaban sus frases, siempre originales –aquella gente ruda e ignorante–, sentían por él el mayor respeto. Al pasar una noche por un almacén oí su voz en la trastienda y entré: allí me lo hallé con hombres de baja estofa que lo escuchaban admirados. Me miró y al reconocerme, me dijo, con aquella gravedad propia de su carácter:-¡Aquí me tienes ilustrando a las masas!”

Pocos meses después de establecerse en La Plata, Matías Behety es internado en el Hospital de Melchor Romero: ingresa como el paciente número 553. Pese a que no se había graduado, lo inscriben como abogado. Dos semanas después, el 29 de agosto de 1885, Matías Behety fallece a los 36 años de edad. La causa de la muerte es tuberculosis pero podemos intuir que, tal vez, se esconda en ese rótulo los estragos que realizó el alcohol.

“¿Vive aún?” se preguntó Miguel Cané poco antes “¿Caerán estas líneas bajo su mirada? No lo sé; en todo caso, la entidad moral pasó, si la forma persiste. ¡Nunca se impone a mi espíritu con más violencia el problema de la vida que cuando pienso en ese hombre!”.

Sus amigos (ilustres ciudadanos de esos tiempos de la República), lo despidieron en el viejo cementerio de Tolosa, donde fue enterrado. Su acta de defunción escribe mal su apellido (Beheti) y añade el término “gratis” para describir su estado de indigencia.

Tal vez, como lo escribió en un poema, se haya cumplido el deseo de su encuentro con la amada María:
Del triste cementerio en la capilla
En su blanco ataúd tendida estaba,
En cruz las manos, y la casta frente
zDe rosas coronada.
La incierta luz de amarillento cirio
Su pálido cadáver alumbraba;
Era joven y hermosa; y muerto había
De un hombre por la infamia.
Del triste cementerio tras el muro
Sobre la fría tierra muerto estaba;
Las negras sombras de la oscura noche
Su cadáver velaban.
Era joven y hermoso; y muerto había
En desafío del que fueron causa
El vicio, el desenfreno y el desorden
De una vida agitada.
Allá del infinito en el espacio
Cruzáronse dos almas:
Era la una cual la noche negra
Y era la otra cual el día, blanca.
Se miraron, y alzóse de una de ellas
Compasiva plegaria.
Después bajó la negra, hondo, muy hondo,
Y la blanca subió, alta, muy alta!
Ése sería el fin de una promesa, un alma joven que perdió el camino y se truncó antes de florecer. Como tantos otros, lo esperaba las brumas del tiempo y la noche eterna. Una nota al margen en un algún libro viejo y el olvido, el olvido que siempre se impone sobre el resto.

La metáfora la expresa su amigo Antonino Lamberti, el hermano de María, que al llevarle flores comprueba que el viento ha derribado la cruz de la sepultura de Matías Behety y ha desaparecido. “Hasta las cruces que levanta el pobre son las primeras que derriba el viento” expresa Lamberti amargamente por la burla postrera del Universo.

Pero (¿quién podría suponer?), no era ésta la última vez que íbamos a escuchar hablar de Matías Behety, el Verlaine rioplatense.

(Continúa mañana)

19.5.17

matias behety (I)



Hace unos cuantos años (más de los que uno quisiera reconocer), pude conocer la historia de los Menéndez Behety, una saga de pioneros de la Patagonia, a partir de los recuerdos familiares de una descendiente de José Menéndez y María Behety. La historia de la fortuna familiar se originó en un almacén en Punta Arenas comprado al Comandante Luis Piedrabuena y la expansión del ganado ovino como la industria pilar para fundar un imperio comercial en el Sur de América, de un lado y el otro de los Andes. La historia tenía el recuerdo especial de un motín en la cárcel de Punta Arenas y los días de espanto que vivió la ciudad, al quedar a merced de los fugados que atemorizaron a la población. Historias que merecen contarse y contabilizamos en el debe para contarlas en otro post. Fue en ese tiempo que conocí la historia de Matías Behety el Edgard Allan Poe rioplatense, un poeta maldito que cedió a la depresión y al alcohol.

La historia quedó ahí, boyando en los recovecos de mi memoria, hasta que un posteo en la página de Flavio Rodríguez en Facebook (altamente recomendada) recuperó el recuerdo del poeta y otros datos que desconocía:

https://www.facebook.com/flaviomrodriguez/posts/10213193407612934

A partir de ese posteo y de otras fuentes que encontramos en Internet, vamos a glosar la historia del poeta Matías Behety.

Aunque Matías Behety nació, exactamente, hace 168 años, un 19 de mayo de 1849, en Montevideo, desde muy pequeño vivió en Argentina. Concepción del Uruguay en Entre Ríos, Buenos Aires y la ciudad de La Plata son los puntos de su derrotero. Behety era hijo de Félix Behety y María Chapital, dos vascos franceses venidos de Aloze-Ziboze-Onizegaine, un pueblo del País Vasco francés, en la región de Aquitania. Como tantos inmigrantes, probaron suerte del otro lado del mar, primero en Uruguay y luego pasaron a la otra orilla.

Los que lo conocieron en su juventud, en el Colegio de Concepción del Uruguay lo definen como el mejor alumno de esa camada, en un establecimiento que contaba con nombres como Julio Argentino Roca, Victorino de la Plaza, Eduardo Wilde, Martín Coronado, Julio Fonrouge. En esos claustros del rectorado del Dr. Alberto Larroque, Matías Behety quedó prendado de la poesía.

Cuando Larroque deja el Colegio, recomienda a los padres de Matías Behety que lo lleven a Buenos Aires, para seguir sus estudios. Le hacen caso y se mudan a Buenos Aires, donde Matías se hará conocido en otro célebre establecimiento: el Colegio Nacional. Pronto, Behety es uno de los alumnos preferidos del mítico Amadeo Jacques.

Behety comienza los estudios de Derecho (que no termina) y se hace conocido en las principales redacciones porteñas. El Nacional, La Tribuna, El Fénix, El Gráfico y La Prensa lo tienen como colaborador y sus artículos tienen consideración de gente como José Manuel Estrada Estrada o Pedro Goyena. Incluso, el Presidente Domingo Faustino Sarmiento percibe la grandeza potencial del joven periodista y se presenta en la redación de El Tribuno para conocerlo y no duda en calificarlo como el más brillante de su generación.

En esos años, conoce a otro joven que da sus primeros pasos en la política: Leandro N. Alem. Otros nombres que frecuenta: Carlos Guido y Spano, Lucio V. Mansilla. Todas figuras de la Argentina de esos años.

Rafael Barreda en la mítica “Caras y Caretas” lo define con estas palabras “Matías era pobre y vivió pobre, casi en la miseria, frecuentando diariamente la redacción de casi todos los diarios, en los que ayudaba al condimento de los editoriales, a zurcir sueltos, á improvisar folletines ó versos, - que para él era todo lo mismo”.

Adscribía al romanticismo y su modelo en las letras era Edgar Allan Poe.

En 1871, la fiebre amarilla asoló a Buenos Aires. Gran parte de la población escapó del sur de la ciudad azotada por la epidemia, entre ellos, el Presidente Sarmiento junto a otras autoridades nacionales. Entre los valientes que se quedaron, se destacó la Comisión Popular de Socorro con Roque Pérez como Presidente. Uno de los secretarios fue nuestro protagonista: Matías Behety. En la formación de la Comisión se leen los nombres de Argerich, Guido Spano, Muñiz, Cantilo, Wilde, Rawson, apellidos que quedarán en la historia. La participación de Behety no fue marginal: fue el voluntario que más guardias de servicio prestó durante la epidemia. Y, aunque en forma leve, contrajo la enfermedad de la que pudo recuperarse gracias al cuidado del Dr. Argerich.



Es más: algunos señalan que Matías Behety aparece junto a Roque Pérez y Argerich en el célebre cuadro de Juan Manuel Blanes, “Un episodio de fiebre amarilla”. Ante este comentario, nuestro amigo Flavio Rodríguez confiesa sus dudas porque el personaje en cuestión es un joven que va descalzo. No parece ser el look para alguien como Behety. Aunque mirando con detalle el cuadro, detrás de Pérez y Argerich, fuera de la habitación, puede verse a un hombre sentado con bigotes y cabello enrulado. ¿Será ése nuestro protagonista?

1873 es un año especial para Matías Behety porque su editorial llamando a la solidaridad latinoamericana a Cuba, publicado en El Nacional, tiene amplia repercusión. Junto a varios amigos, funda la Asociación Independencia de Cuba, encabezando mitines por la causa caribeña.

Su brillantez queda clara en una anécdota de Barreda. Como pasante en el estudio de Manuel Quintana (“amigo y maestro”), cuenta que un día llegó con un expediente de un caso que había que presentar en los tribunales, sobre la hora de presentación. No había tiempo suficiente para que Quintana se pusiera al tanto de los antecedentes, así que Behety toma el guante y presenta él mismo el caso. Que un idóneo presentara un caso, provocó un revuelo en el mundillo jurídico y pronto la sala se llenó de curiosos que querían ver cómo salía la apuesta. Behety demostró tal elocuencia y erudición en la presentación del caso que los asistentes y hasta los mismos jueces lo aplaudieron efusivamente, rompiendo todos los códigos de etiqueta del fuero judicial.

Sin nombrarlo (por pudor y compasión), Miguel Cané le dedicó un párrafo en Juvenilia: “¿Recordaré a ese hombre, que sólo encontró flores en los primeros pasos de su vida, que marchaba en el sueño estrellado del poeta, al amparo de una reputación indestructible ya? Era bueno y era leal, amaba la armonía en todo y la mujer pura le atraía como un ideal; pero la delicadeza de su alma exquisita se irritaba hasta la blasfemia, porque la naturaleza le había negado la forma, el cuerpo, el vaso cincelado que debió contener el precioso licor que chispeaba en sus venas”.

Todo pronóstico era venturoso para Matías Behety en esos años. Pero su melancolía, sus excesos de juventud, su tendencia al alcoholismo, prefigurarían la tragedia de su vida. Como lo describe, Cané: “De ahí las primeras amarguras, la melancolía precursora del escepticismo. Sin ambiciones violentas que hubieran sepultado en el fondo de su ser los instintos artísticos, refugiado en ellos sin reserva, pronto cayó en el abandono más absoluto”.



Behety tambaleaba y tal vez hubiera tenido una tabla de salvación en el amor que sintió por María Lamberti, hermana de su amigo Antonino. Pero el destino suele ser cruel con sus mejores hijos: María moriría a la edad de 23 años, el 11 de septiembre de 1880. Y esa muerte es el empellón final que desbarrancó a Behety. Como escribiría desgarradoramente:
Hacia tu hogar encaminé mi paso
Y me detuve trémulo en su puerta!
El sol se sepultaba en el ocaso,
Y al abrazarme me dijiste: ¡muerta!

La sombra me inundó. El alma entera
En un sollozo se agotó doliente,
Al mirar esa hermosa primavera
Desmayada en el rayo de su oriente.

¡Muerta!, exclamé, y respondiste: ¡muerta!
Delante de su ataúd caí postrado…
Cerré los ojos y la vi despierta,
Su angelical semblante iluminado!

Me hablaba, y sonriendo enternecida,
Envuelta en nubes de flotantes velos,
¡Ah! no lloréis, me dijo, mi partida:
Yo era la desposada de los cielos!
(Continúa mañana)

18.5.17

la maldición de ondina

abc

En la mitología germánica se describe la existencia de ninfas que habitan en los ecosistemas de agua dulce, en ríos, fuentes, estanques, manantiales, pozos, arroyos y lagos. Su equivalente en la mitología grecolatina son las náyades. Las ninfas teutonas son mujeres-pez sin cola, que tienen el cuerpo cubierto de escamas azuladas o verdosas, de tonos marinos. Sus manos y sus pies son palmeados, una adaptación que les facilita su desplazamiento acuático, pero que no les impide que pueden caminar y respirar fuera del agua.

(…)

Las leyendas arias nos cuentan que estos seres estaban laureados con la inmortalidad, un privilegio que se perdía en el instante en el que la ninfa diese a luz un vástago fruto de su unión con un mortal.

Pues bien, uno de los mitos germánicos narra la existencia de Ondina, una ninfa de una belleza sobrecogedora que se prendó de un apuesto caballero llamado sir Lawrence, con el que acabó desposándose. El día en el que se celebraron las nupcias el mortal le prometió: «que cada aliento que de mientras estoy despierto sea mi compromiso de amor y fidelidad hacia ti».

Pasado un año de matrimonio la ninfa alumbró una bella criatura. A partir de ese momento, en cumplimiento de las leyes que regían el destino de las ninfas, su perpetuidad se vio truncada y, con ella, la belleza de la que hacía gala. Sus sinuosas curvas se evaporaron y en su rostro comenzaron a aparecer sendas arrugas.

Cierto día, mientras la ninfa paseaba entre las mieses, cerca de los establos, sorprendió a sir Lawrence durmiendo en el regazo de otra mujer. Ondina se apresuró a despertarle y maldecir su existencia: «me juraste fidelidad por cada aliento que dieras mientras estuvieses despierto y acepté tu promesa. Así sea. Mientras te mantengas despierto podrás respirar, pero si alguna vez llegas a dormirte, morirás». Sir Lawrence estaba condenado a mantenerse despierto, algo que resultaba a todas luces imposible. El mortal no tardó en ceder al agotamiento y quedarse dormido, no despertando jamás. La maldición de Ondina se había cumplido.

(…)

…la maldición de Ondina existe en los tratados de Medicina Interna, se trata de una enfermedad rara que recibe el pomposo nombre de «hipoventilación central primaria». Se estima que esta patología afecta en Estados Unidos a, aproximadamente, 1 de cada 10.000-15.000 nacimientos.

La maldición de Ondina se caracteriza, a grandes rasgos, por la existencia de un control anormal de los sensores cerebrales que regulan la ventilación pulmonar, en ausencia de una enfermedad evidenciable. Esta anomalía se debe a un trastorno genético causado por una mutación en un gen localizado en el cromosoma 4.

Respirar es un reflejo automático, natural e innato, ninguno de nosotros tenemos que preocuparnos por recordar que tenemos que respirar. Esto se debe a que en nuestro cerebro disponemos de unos sensores que se activan cuando el nivel de oxígeno en nuestra sangre es bajo. Pues bien, en los pacientes que tienen la maldición de Ondina este mecanismo fisiológico no funciona de forma correcta.

(…)

En las formas más leves los pacientes tienen un sueño poco reparador, debido al déficit de oxígeno en sangre; mientras que en las formas más graves es preciso que los pacientes duerman con un aparato de presión positiva, una forma de soporte ventilatorio mecánico que se aplica a través de una mascarilla, y que les facilita la ventilación pulmonar mientras duermen.

PEDRO GARGANTILLA
“La enfermedad de la ninfa Ondina, el mal que puede matarnos mientras dormimos”
(abc, 14.05.17)

17.5.17

frases de “Personal Shopper”



¿Lewis? ¿Lewis eres tú?

-Bueno, la idea central del espiritualismo es que hay un mundo más allá del nuestro. Los espiritualistas tratan de aportar evidencia empírica de ese mundo. En el año 1848, las hermanas Fox escucharon golpes. E interpretaron esos golpes como mensajes de personas muertas. Esto para ellos fue una prueba real de la existencia de un mundo superior más allá del nuestro.
-Es interesante que el Código Morse había sido inventado dos años antes.
-Los espiritualistas siempre se han mantenido cercanos a la vanguardia tecnológica.

En realidad odio este trabajo. La odio a ella.

-¿Qué demonios haces en París?
-Ya sabes. Estoy esperando. Tengo que esperar.

-Creo que sentí algo. Tengo que regresar a la casa de Lewis. Realmente creo que sentí algo.
-¿Piensas que sentiste algo o estás segura?
-Tengo que continuar hasta el final. Eso es todo.

-Me gustaría vértelo puesto. ¿No quieres probártelo?
-Yo... ya sabes que no puedo.
-Pero quieres hacerlo.



-Éste es tu ventrículo izquierdo. Es algo más grande de tamaño. Fue exactamente igual con tu hermano mellizo. Se puede vivir con esto y morir a los 100 años.
-O a los 27.

-Necesitas continuar evitando tanto los esfuerzos físicos intensos como las emociones extremas.
-Como lo hacía Lewis... Quiero decir... él fabricaba escaparates.

-¿Te veo nuevamente en seis meses?
-No tengo idea dónde estaré en los próximos seis meses.

¿No tienes nada mejor que hacer aparte de vestir a Kyra? ¿De veras lo encuentras que vale tu tiempo?

-Esperaré hasta que termine. Quiero hablar con ella. Ella quiere deshacerse de mí.
-¿Duraron mucho tiempo?
-Dos años. Pero ella teme que su marido se entere. Estoy seguro que sospecha algo.
-¿Y tú la amas?
-¿Amor? Eso nunca cruzó mi mente, no. Es tan solo físico.

-Hay presencias invisibles alrededor nuestro, siempre. Si son las almas de los muertos, no lo sé, pero... Cuando eres un médium estás en sintonía con ciertas vibraciones.
-¿Qué quieres decir con vibraciones?
-Tiene que ver con la intuición, un sentimiento que... Ves una puerta que está apenas entreabierta.
-También pienso que el alma continúa existiendo después de la muerte.
-Ni siquiera sé si creo en eso. Pero Lewis si lo creía... Y tengo que darle a su espíritu, como sea que quieras llamarlo, la oportunidad de demostrar que tenía razón.

-Recibí una señal.
-¿Estás segura?
-No. Por eso sigo esperando.
-¿Y después?
-Supongo que entonces viviré mi vida. Y lo dejaré ir.



Lewis hubiera sido muy feliz de que esta casa sea tuya de nuevo. Y yo estoy muy contenta también. Ahora es tu casa y yo lo olvidaré.

Vamos. Ven. Necesito algo más de ti. Voy a necesitar algo más de ti. Dame otra señal. Lo que sea. Dame la cosa más insignificante. ¿Eso es todo? ¿Eso es todo?

Por favor, no entiendo. No eres mi hermano. No eres mi hermano.

-Yo te conozco. Y tú sabes quién soy. Te vas a Londres.
-¿Quién eres?
-Adivina.

¿Eres real? ¿Estás vivo a muerto? ¿Vivo o muerto? ¿Lewis?

-Dime algo que encuentres perturbador.
-Filmes de horror.
-¿Por qué?
-Una mujer escapa de un asesino y se esconde.
-Lo que encuentras perturbador es el miedo.



-Ayer me probé los zapatos de la mujer con la que trabajo.
-¿Por qué me lo cuentas?
-Porque ella no quería que me los probase.
-¿Entonces la respuesta es qué está prohibido?
-No hay deseo si no está prohibido.
-¿Qué más está prohibido? ¿Contestar a mis preguntas?

-¿Quieres probarte los vestidos de Kyra?
-Sí.
-¿Porque está prohibido?

-Lo hice.
-Estás asustada.
-Si. Lo estoy.
-Pensé que querías ser otra persona.



Ella estaba muy enojada. Muy violenta. Quizá tenía cuentas por arreglar. Pienso que estaba perdida.

-¿Qué harás con el dinero?
-Nada.
-Nada.
-No lo sé. No estoy segura que pueda comprar alguna otra cosa. No tengo suficiente confianza en el futuro.
-Te entiendo.
-No creo que entiendas.
-Definitivamente te entiendo. Confía en mí.
-Encontré a alguien.

Siempre voy a amar a Lewis, pero no puedo pasar mi vida de luto... No me interesa el duelo. Con el sufrimiento y el dolor ya tuve suficiente. Creo que ahora quiero la vida.

-Todo esto es nuevo. Recién salido al mercado. Aún nadie lo tiene.
-¡Oh, que bien! Eso es importante. Gracias.

Maureen, no es que esto no vaya a suceder. Sino que no existe. Después de la muerte, no hay nada. Yo lo sé. No es un gran problema.

Ya no quiero estar en París.

Sabes lo que dicen: “Los muertos observan a los vivos”.

-Para mí, él era alguien con una gran intuición por los otros. Podía entender cosas no dichas.
-Es verdad.
-Quizás porque sabía que se estaba muriendo. Quiero decir que sentí que veía cosas que yo no podía ver. Quizá tú también puedes. Él pensaba que tenías el mismo don.
-No lo sé. Yo... tenía la tendencia de seguirlo. Llevó las cosas muy lejos. Demasiado lejos para mí, al menos. No podía seguirle el ritmo.
-Todo lo que quiero decir es que con Lewis nada parece imposible.



-¿Crees que Lewis está aquí?
-Pienso que no.
-Siento su presencia. Está aquí.
-Podría ser la culpa que habla. No necesitas sentirte culpable. Lara merece ser feliz. Y tú también.

-Quiero creerlo, pero algo me sigue deteniendo.
-Confío que no tiene nada que ver conmigo.
-No. Pero también debes liberarte de Lewis.
-Bueno, ojalá me lo permitiera.
-Donde quiera que esté, nunca lo prohibiría. Incluso si no está en ninguna parte, aférrate a la memoria de su libertad.

¿Quién eres? ¿Lewis eres tú? ¿Lewis eres tú? ¿O es que soy yo?